En la genética clásica, se pensaba que la secuencia del ADN era el único factor determinante para la heredabilidad. Más recientemente, la investigación ha demostrado que también se puede heredar información no genética. El campo dedicado a esta área se llama epigenética (Dolinoy y col. 2007), que literalmente significa “sobre el gen”. En particular, se ha demostrado que se puede heredar marcadores moleculares, como los grupos metilo. Su presencia o ausencia en las regiones de control de ADN que regulan la expresión génica (llamados promotores), puede influir en si un gen se activa, y si es así, a qué nivel.

Es bien sabido que algunas sustancias químicas pueden influir en el funcionamiento de los enzimas de metilación. Esta influencia puede tener particular relevancia si ocurre durante los primeros días del embarazo, cuando el óvulo fertilizado está empezando a convertirse en embrión. Esta etapa está marcada por la completa eliminación de los marcadores de metilación epigenética, y un reajuste posterior de estos marcadores. Una disrupción de este proceso puede conducir a problemas de salud permanentes en el adulto, muchos años después de producirse este evento molecular. No todos los compuestos pueden ejercer esta influencia, y no todas las regiones en el ADN se ven afectadas de la misma manera, lo que significa que tales efectos probablemente son específicos para cada compuesto. Además, se conocen otros mecanismos epigenéticos, por ejemplo, el que afecta a la capa de cromatina que rodea al ADN.

Estudios recientes han demostrado también que las alteraciones epigenéticas químicamente inducidas se pueden heredar por más de 4 generaciones, incluso aunque en el pasado no hayan sido consideradas permanentes como las mutaciones del ADN (Manikkam y col. 2012).

Existe controversia en torno a los hallazgos de los efectos epigenéticos hereditarios causados ​​por la exposición a sustancias químicas durante el desarrollo prenatal. Se necesita más investigación para reproducir estos primeros resultados.

 

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