Desde la década de 1960, está claro que la exposición a ciertas sustancias químicas durante el desarrollo prenatal puede provocar efectos graves e irreversibles para la salud. Los trágicos casos de la talidomida y el dietilestilbestrol (DES) nos han enseñado una lección importante: la placenta no es una barrera que proteja de sustancias químicas exógenas. Al contrario: el período de vida fetal es extremadamente sensible a diferentes factores de estrés, y los efectos  pueden resultar permanentes.

Además, la malnutrición materna durante el embarazo es una de las causas de enfermedad cardíaca en los hijos adultos (Barker y Osmond 1986).  Siendo la enfermedad cardíaca actualmente la causa más común de muerte a nivel mundial,  estos datos son muy relevantes. “Orígenes Fetales de la Salud y la Enfermedad” es  una sociedad científica activa con investigación pionera en este campo.

El embarazo y los dos primeros años de vida ofrecen una importante oportunidad para la prevención de enfermedades crónicas. Si se evitan ciertas exposiciones químicas durante este período, puede reducirse el riesgo de algunas enfermedades crónicas. Hoy en día existe suficiente conocimiento científico a partir de estudios en animales y epidemiológicos, que justifican un enfoque más cauteloso en la exposición a sustancias químicas durante esta etapa de la vida, como las que proceden de los envases de alimentos (Barouki et al. 2012).

Los principios de la exposición durante el desarrollo y la alta sensibilidad del feto son ampliamente conocidos. La evaluación del riesgo químico requiere de pruebas de toxicidad durante el desarrollo previas a la comercialización de los productos químicos que migran desde los envases de alimentos en concentraciones que van en aumento: en las pruebas de la UE, se exigen test para migraciones por encima de 5 mg/ kg de producto alimenticio. En los EE.UU., el umbral correspondiente es la exposición de la población general a más de 3 mg de una sustancia en contacto con alimentos por persona y por día.

Los endocrinólogos y otros científicos respaldan las pruebas de actividad endocrina para todas las sustancias en contacto con los alimentos, independientemente de sus niveles de exposición.

Más

WHO 2012 Report on EDCs and child health

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